Me han extraído piezas por un tratamiento mal hecho
Si te han extraído piezas —dentales u otras— por un tratamiento mal realizado, puede ser reclamable cuando la extracción no estaba prevista o fue consecuencia de una actuación negligente. Clave: historia clínica, consentimiento informado y pruebas radiológicas. Primer paso: pide toda la documentación y un informe independiente sobre la causa de la extracción.
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¿Tienes razón?
Que te hayan quitado piezas no implica siempre negligencia: algunas extracciones forman parte del riesgo aceptado de un tratamiento. Lo que determina si tienes un caso son tres factores:
- Si la extracción estaba prevista y fue informada: consulta el consentimiento informado que firmaste. Si la extracción no estaba prevista o no se te informó del riesgo específico, eso pesa a tu favor.
- Si la extracción fue resultado directo de una técnica incorrecta, una infección por falta de asepsia, o un diagnóstico erróneo que llevó a un tratamiento inapropiado. La existencia de una relación causal entre la actuación y la pérdida de la pieza es central.
- Si existió un plan alternativo razonable que no se aplicó o si la clínica no realizó las pruebas previas necesarias para valorar la viabilidad de conservar la pieza.
La combinación de ausencia de información, técnica deficiente y ausencia de pruebas o planificación sostendrá una reclamación sólida. Sin un nexo causal claro entre la actuación y la pérdida, la reclamación se complica.
Cómo se soluciona
- Solicita de inmediato la historia clínica completa, el consentimiento informado firmado, las radiografías previas y posteriores, y el registro de intervenciones. Pide que te entreguen copia certificada y guarda todo.
- Reúne todas las facturas y justificantes de pago relacionados con el tratamiento y las intervenciones subsecuentes (medicaciones, revisiones, prótesis provisionales).
- Pide una evaluación independiente por un especialista (odontólogo o cirujano, según la pieza extraída) que emita un informe técnico sobre la causa de la extracción y las alternativas que existían.
- Presenta una reclamación formal por escrito ante la clínica o el servicio sanitario, solicitando reparación: reposición mediante prótesis o implantes, reintegro de gastos o compensación económica según el daño. Guarda constancia fehaciente de la reclamación.
- Si no hay solución, consulta con un abogado para coordinar peritos y definir la vía de reclamación (civil o por consumo). En centros públicos puede ser necesario tramitar la reclamación administrativa previa.
Qué puedes hacer tú y qué necesita un profesional:
- Tú puedes recopilar la documentación, solicitar la historia clínica y pedir una segunda opinión. Esta fase es clave para saber si la clínica reconoce responsabilidad y para preparar la reclamación.
- Necesitas un abogado si la clínica propone una solución insuficiente, si hay discrepancias técnicas importantes o si planteas demanda. El abogado coordinará peritos y asesorará sobre opciones de reparación y cuantificación del daño.
Qué puede pasar
1) Se arregla con una carta: muchas clínicas, al recibir una reclamación con pruebas y un informe independiente, proponen soluciones: cubrir la prótesis, reponer la pieza con implante o ofrecer compensación. Es la salida más rápida.
2) Acuerdo o conciliación: puedes aceptar una oferta que incluya tratamiento corrector o compensación económica. Valora si el acuerdo incluye garantías y deja claro lo que renuncias al firmarlo.
3) Juicio: en caso de no acuerdo, la vía judicial exige peritajes que acrediten la negligencia y cuantifiquen el daño. Si pierdes, podrías afrontar costas; si ganas, la sentencia puede ordenar la reparación y la indemnización, aunque la ejecución depende de la solvencia del demandado.
Y si gano, ¿cobro? Una sentencia favorable te permite ejecutar la resolución, pero la percepción efectiva del importe dependerá de la capacidad económica del obligado. En el caso de centros públicos, la vía de ejecución tiene particularidades administrativas.
Errores que arruinan el caso
- No solicitar la historia clínica y el consentimiento informado desde el primer momento.
- Dejar pasar revisiones o tratamientos posteriores sin documentarlos: las actuaciones posteriores pueden influir en la valoración del daño.
- Aceptar reparaciones verbales o trabajos sin dejar constancia por escrito de la garantía y las condiciones.
¿Necesitas un abogado para esto?
Puedes solicitar la historia clínica y pedir una segunda opinión por tu cuenta; muchas veces con eso la clínica propone una solución. Necesitarás abogado cuando la clínica ofrezca una reparación insuficiente, cuando haya discrepancias técnicas sobre la causa de la extracción o cuando quieras cuantificar una indemnización. Un abogado especializado gestionará peritos y te aconsejará sobre la vía administrativa o judicial. Si cumples requisitos, recuerda que puedes solicitar asistencia por el turno de oficio.
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Preguntas frecuentes sobre este caso
Firmar un consentimiento no imposibilita reclamar si se demuestra que la técnica fue defectuosa, que el consentimiento fue incompleto o engañoso, o que el profesional no siguió el plan informado. El consentimiento es un elemento a considerar, pero no cierra la puerta a la reclamación.
La historia clínica, el consentimiento informado, las radiografías previas y posteriores y un informe independiente de un especialista son esenciales. También las facturas y justificantes de tratamientos posteriores.
Depende: una propuesta de reparación puede ser adecuada si cubre completamente el daño y viene con garantía por escrito. Antes de aceptarla, pide que quede documentada y consulta con un profesional o abogado sobre si es suficiente.
Puede recaer en el profesional que practicó el tratamiento y en la entidad responsable del centro. La reclamación se dirigirá contra quien resulte responsable según la documentación y la relación contractual.
Conserva toda la documentación que tengas y denuncialo a la autoridad sanitaria y a consumo. Si la clínica entra en concurso de acreedores, tu crédito se integrará en el procedimiento concursal, lo que puede complicar la recuperación del daño.
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