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Acuerdo extrajudicial de pagos: ventajas y riesgos para la empresa

Un acuerdo extrajudicial de pagos es una vía para negociar con los acreedores fuera del concurso; no siempre es mejor que declararse en concurso y puede ser una salida si la empresa tiene viabilidad. Lo que determina si te conviene es la carga de deuda real, la solvencia futura y la voluntad de los acreedores. Primer paso: hacer números fiables y pedir a un abogado concursal que revise los efectos antes de firmar cualquier documento.

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¿Tienes razón?

Un acuerdo extrajudicial de pagos puede ser legítimo y útil, pero su conveniencia depende de varias cosas. Primero, de si la empresa tiene una posibilidad razonable de seguir operando pagando según un plan. Segundo, de si la propuesta incluye a la mayoría de los acreedores relevantes y no deja fuera a quien pueda pedir concurso más tarde. Tercero, de si las quitas y esperas que te piden son sostenibles para el negocio. Por último, de la seguridad jurídica del acuerdo: si no está bien formalizado puede dejarte expuesto a ejecuciones o a responsabilidades de administradores.

Si tienes documentación contable actualizada, pasivos identificados y propuestas claras de reestructuración, tu posición mejora. Si la propuesta la presenta un solo acreedor y contiene cláusulas que limitan decisiones de gobierno o transfieren garantías sin soporte, debes desconfiar. Firmar sin entender las cláusulas de subrogación, cesión de créditos o garantías puede convertir una supuesta solución extrajudicial en una trampa.

Cómo se soluciona

Paso 1: Haz un inventario claro de la deuda y de la liquidez. Localiza documentos que prueben importes y vencimientos y prepara un balance sencillo que muestre el activo disponible. Esto lo puedes empezar a hacer por tu cuenta, pero lo normal es que un asesor contable o un abogado lo verifique antes de negociar.

Paso 2: Recoge las ofertas que te hagan los acreedores. Pide que cualquier propuesta se ponga por escrito y que se identifiquen con claridad los créditos que se pretenden incluir en el acuerdo. No firmes propuestas verbales; exporta cualquier conversación de mensajería y guárdala. Si te ofrecen una quita o un aplazamiento, exige que se detalle cómo se calculan todos los importes.

Paso 3: Valora las garantías y las obligaciones accesorias. Comprueba si el acuerdo exige garantías reales o personales, o si impone prohibiciones a la actividad de la empresa. Aquí hace falta un abogado: hay cláusulas que convierten una reestructuración en una transmisión de empresa camuflada.

Paso 4: Negocia cláusulas de salvaguarda. Inserta cláusulas que permitan revisar el acuerdo si cambia la situación económica, y limitaciones sobre cesiones automáticas de créditos. La inclusión de un mecanismo de supervisión por un tercero independiente puede dar confianza a acreedores y a la propia empresa.

Paso 5: Formaliza y publica lo esencial. Si el acuerdo afecta a muchos acreedores, conviene que conste por escrito y, si procede, se lleve a procedimientos de homologación o a acuerdos que protejan frente a ejecuciones contra bienes afectos. Si actúas solo, conserva todas las comunicaciones y justificaciones de por qué se aceptó cada cambio.

Qué puede hacer la empresa sola: preparar balances, recopilar prueba de créditos, documentar propuestas y enviar burofax con acuse de recibo para dejar constancia. Qué necesita un profesional: revisar cláusulas, valorar responsabilidad de administradores, proponer alternativas concursales, y redactar la versión definitiva del acuerdo.

Qué puede pasar

Escenario 1 — Se arregla por escrito: El resultado más habitual es que se cierre un acuerdo por escrito que aplaza pagos o establece quitas, sin concurso. Esto permite a la empresa seguir operando y evita costes y publicidad de un concurso. Un acuerdo firmado y cumplido evita procedimientos si las partes respetan lo pactado.

Escenario 2 — Acuerdo extrajudicial con homologación o mediación: Algunas fórmulas permiten mayor seguridad jurídica para los acuerdos que afectan a múltiples acreedores. Un acuerdo bien redactado que incluya supervisión o validación reduce el riesgo de impugnaciones y ejecuciones posteriores.

Escenario 3 — Fracaso y concurso: Si el acuerdo no agrupa a los acreedores relevantes o no se cumple, cualquier acreedor puede instar el concurso. En ese caso, podrían apreciarse acciones de reintegración sobre pagos preferentes o responsabilidades de administradores si se demuestra que la reestructuración pervirtió el orden de créditos.

Y si ganas, ¿cobras? Una sentencia favorable o un acuerdo no siempre garantiza el cobro efectivo. Si el deudor es insolvente, una resolución en tu favor podría quedar como un crédito dentro de un procedimiento de liquidación y pagarse en función del activo disponible. La solvencia real determina la eficacia práctica de cualquier éxito judicial.

Errores que arruinan el caso

  • Firmar propuestas verbales o acuerdos en papel sin revisar las cláusulas accesorias.
  • No identificar todos los acreedores relevantes y dejar fuera a quien pueda forzar el concurso.
  • Aceptar garantías personales o reales sin valorar su impacto patrimonial futuro.
  • No documentar las comunicaciones y aceptar plazos o condiciones solo de palabra.
  • No valorar responsabilidades de administradores al privilegiar a ciertos acreedores sobre otros.

¿Necesitas un abogado para esto?

La primera negociación puedes gestionarla sin abogado si la deuda es simple y las cantidades son pequeñas; envía y guarda comunicaciones fehacientes. Pero cuando hay varios acreedores, garantías, o proposiciones que impliquen cesión de activos o responsabilidad personal, necesitas un abogado concursal para valorar riesgos y negociar cláusulas. Si la otra parte ya tiene asesoramiento, deberías tenerlo también. Consulta sobre derecho a la justicia gratuita si reúnes los requisitos.

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Preguntas frecuentes sobre este caso

No. Un acreedor puede proponerte un acuerdo, pero no puede obligarte a aceptar. Lo que sí puede hacer es llevar el caso al juzgado para pedir concurso si considera que hay insolvencia. Por eso es importante evaluar si la propuesta te blinda frente a esa posibilidad.

Sí, un mensaje puede ser prueba, pero es mejor que las propuestas queden por escrito formal y con firma o con burofax con acuse de recibo y certificación de contenido. Exporta y guarda cualquier conversación y complétala con documentos contables.

Las garantías siguen vinculadas a los créditos para los que se constituyeron. Un acuerdo podría negociar su mantenimiento, su sustitución o su liberación, pero cualquier cambio debe constar por escrito y revisarse por un abogado, porque puede afectar a tu patrimonio personal.

Puedes intentar agrupar a la mayoría de acreedores relevantes, pero algunos pueden negarse. Si quedan acreedores fuera, existe el riesgo de que esos acreedores insten el concurso o ejecuten garantías particulares, así que documenta quién está dentro y quién no.

No necesariamente. La responsabilidad de administradores por actos anteriores a la negociación puede seguir vigente. Un acuerdo bien redactado reduce riesgos, pero la evaluación de posibles reclamaciones por administradores requiere análisis profesional.

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