Quedé con lesión de la médula por epidural o cirugía
No siempre que exista una lesión medular después de una epidural o cirugía hubo negligencia; lo que importa es si faltó la debida técnica, consentimiento o vigilancia, y si esa falla causó el daño. Lo primero que debes hacer es reunir la historia clínica, los informes y cualquier imagen; con esos documentos podrás evaluar si hubo error y decidir si reclamar ante la aseguradora, Isapre/Fonasa o mediante recurso judicial o administrativo.
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¿Tienes razón?
Tres cosas determinan si tu caso tiene fundamento: la actuación del equipo sanitario, el consentimiento informado y la relación causal entre la actuación y la lesión.
1) Actuación técnica y protocolo. Hay prácticas aceptadas para la colocación de una analgesia epidural y para la técnica quirúrgica que protege la médula y las raíces nerviosas. Si el profesional omitió pasos básicos —por ejemplo, no usar técnicas de asepsia adecuadas, no confirmar el nivel correcto, o emplear instrumental inadecuado— eso puede ser indicio de responsabilidad. Pero no todo mal resultado es culpa: hay riesgos inherentes que deben constar en la historia clínica y en el consentimiento.
2) Consentimiento informado. Antes de una epidural o cirugía relevante debes haber recibido información adecuada sobre riesgos, alternativas y consecuencias. Si firmaste un consentimiento que no describe el riesgo de lesión medular o no se te explicó claramente, eso es relevante. Atención: la falta de firma no prueba por sí sola que hubo negligencia; lo que cuenta es si la información se entregó y si el consentimiento fue válido.
3) Relación causa‑efecto y resultados objetivos. Es necesario probar que la maniobra (epidural, punción, maniobra quirúrgica) fue la causa directa de la lesión medular y no una evolución inevitable de la enfermedad subyacente. Para eso se usan pruebas médicas: resonancias, registros de atención intraoperatoria, informes de enfermería y seguimientos neurológicos.
Si en esos tres apartados hay coincidencias que apuntan a una falla —mala técnica, ausencia de información y pruebas que muestran temporalidad entre la actuación y la lesión— tu posición es fuerte. Si falta documentación, el caso puede seguir siendo viable, pero tendrás que luchar más con peritajes.
Cómo se soluciona
1) Reúne toda la documentación. Pide copia completa de tu historia clínica, informes de la intervención, registros de anestesia, órdenes médicas, imagenología y fichas de enfermería. Si la atención fue en un establecimiento privado, solicita además los registros de la Isapre o la boleta de atención. Exige copias por escrito y guarda comprobantes de la solicitud.
2) Conserva evidencia personal. Anota fechas y horas de síntomas, guarda fotos de secuelas, registros de medicamentos que te dieron y cualquier comunicación con el centro de salud. Exporta y guarda conversaciones de WhatsApp o correos con profesionales o la clínica; haz capturas y exporta los archivos, no dependas sólo del teléfono.
3) Pide evaluación médica independiente. Consulta a un neurólogo o especialista en columna para que valore tu estado y redacte un informe que explique la relación entre la intervención y la lesión. Si puedes, obtén estudios complementarios (resonancia, electromiograma) que documenten la lesión.
4) Reclamación administrativa y extrajudicial. Presenta una carta de reclamo a la clínica y al profesional, con copia a Isapre/Fonasa si corresponde. Exige la explicación de lo ocurrido y la relación de eventos. Si la clínica tiene seguro de responsabilidad civil, pon en conocimiento del asegurador los daños.
5) Valoración legal y pericial. Si recibes una respuesta insatisfactoria, es el momento de pedir asesoría especializada en responsabilidad sanitaria: el abogado coordina peritajes médicos y evalúa la vía apropiada: demanda civil por negligencia, denuncia ante las autoridades sanitarias y, si procede, medidas cautelares.
6) Vías para reclamar. Puedes intentar acuerdo con la clínica o el seguro; si no, la demanda civil es la vía habitual para pedir indemnización. En casos contra instituciones públicas o Isapres puede plantearse también el uso de recursos administrativos y, en situaciones de vulneración grave y arbitraria, el recurso de protección.
Qué puede pasar
1) Se arregla con una carta y negociación. Muchas veces la primera respuesta de la clínica es ofrecer una reunión, revisión y eventualmente una propuesta de reparación o cobertura de tratamientos. Un acuerdo puede incluir tratamiento rehabilitador, adaptación domiciliaria o compensación económica. Un acuerdo rápido evita litigio y satisface la necesidad de atención.
2) Conciliación o transacción. Si el caso tiene mérito y las pruebas son claras, la parte demandada puede ofrecer un acuerdo. Un monto menor aceptado hoy puede ser preferible a esperar años y correr riesgos procesales. Además, el acuerdo suele incorporar prestaciones médicas continuadas.
3) Juicio civil. Si no llegas a un acuerdo, se presenta demanda por responsabilidad médica. En juicio se discutirán prueba pericial, historia clínica y causalidad. Si pierdes, corres el riesgo de cargar con costas según lo que decida el tribunal. Además, una sentencia contra un centro insolvente puede ser difícil de ejecutar: cobrar depende de la capacidad patrimonial del condenado.
Y si ganas, ¿cobras? La sentencia ordenará pago, pero la efectividad del cobro depende de bienes del obligado, seguros y acuerdos. A veces conviene negociar ejecución o buscar el pago a través del asegurador.
Errores que arruinan el caso
- No pedir y conservar la historia clínica completa desde el inicio. Si la clínica “pierde” el informe, la pelea se complica.
- Destruir o modificar pruebas: borrar conversaciones o entregar versiones contradictorias ante peritos.
- Aceptar un pago sin dejar claro que es en compensación total: firmar finiquitos o renuncias sin asesoría cierra la puerta a una demanda posterior.
- No buscar una evaluación neurológica independiente pronto; el paso del tiempo complica demostrar el nexo causal.
¿Necesitas un abogado para esto?
La primera carta de reclamo puedes escribirla tú y en muchas ocasiones eso desencadena una solución. Necesitas abogado cuando la clínica niega responsabilidad, cuando la otra parte ofrece un acuerdo o cuando hay que coordinar peritos médicos y presentar demanda. Si no tienes recursos, puedes solicitar patrocinio de la Corporación de Asistencia Judicial; un abogado especializado te ayuda a valorar el peritaje y a negociar con aseguradores.
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Preguntas frecuentes sobre este caso
El consentimiento firmado es prueba de que se te informó, pero no inhabilita una demanda. Lo relevante es si la información fue adecuada sobre el riesgo específico, cuándo se entregó y si firmaste bajo presión. Un peritaje puede discutir si la lesión estaba incluida entre los riesgos explicados.
No. El establecimiento está obligado a entregar copia de la historia clínica a la persona atendida o a su representante. Si se niega, deja constancia por escrito y reclama ante la autoridad sanitaria y la Isapre/Fonasa según corresponda.
Muchos centros y profesionales tienen seguros de responsabilidad civil que cubren indemnizaciones por negligencia, pero cada póliza tiene límites y condiciones. No asumas que el seguro pagará todo; pide que te informen por escrito y consulta con un abogado.
En estos casos un peritaje médico es clave para establecer la causalidad entre la actuación y la lesión. Sin informe pericial independiente tu demanda es más débil, aunque no siempre imprescindible si la evidencia documental es muy clara.
Puedes exigir que se te garantice la atención necesaria, como rehabilitación o controles, especialmente si el daño es grave. Pide por escrito las prestaciones y reclama a la clínica, a la Isapre o Fonasa según corresponda; un abogado puede solicitar medidas provisionales si es necesario.
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